Cómo evitar que las CICATRICES y otras LESIONES crónicas nos ENFERMEN

Inyectar pequeñas cantidades de un anestésico local en los puntos nerviosos de zonas que han sufrido lesiones o agresiones permite desbloquear esos focos irritativos, hacer desaparecer los efectos distales y locales que provocan, y devolver al sistema nervioso su capacidad de autorregulación.

La terapia neural, compatible con cualquier otro tratamiento, sea farmacológico o naturista, trata al paciente desde una perspectiva integradora de su historia de vida, de sus procesos de salud y enfermedad, y de sus dimensiones física, mental, emocional, anímica y social. Actúa sobre el sistema nervioso, especialmente el vegetativo o autónomo, mediante la inyección de pequeñas cantidades de un anestésico local en bajas concentraciones (generalmente procaína) en los puntos o centros nerviosos que han recibido lesiones o agresiones, con el objetivo de eliminar (desbloquear) estos focos irritativos para que las funciones del sistema nervioso y su capacidad de autorregulación puedan regresar a la normalidad. Pero aunque trabaja con un anestésico, el objetivo de la terapia neural nunca es la anestesia local.

Una autopista de información

El sistema nervioso se halla presente en todos los órganos y tejidos de nuestro cuerpo, es una red que funciona como una autopista de información que conecta e integra todas las partes entre ellas. De entre todos los órganos, la piel es el que tiene una mayor cantidad de fibras nerviosas. Además, el sistema nervioso hace de puente entre las esferas mental, emocional y física, de manera que toda emoción acaba proyectándose en el cuerpo, en gran parte, a través de él. De la interacción entre la mente, el sistema nervioso y el sistema inmunitario depende nuestra capacidad de adaptación al entorno y, por lo tanto, nuestra capacidad para mantener el equilibrio, la salud.
Cualquier irritación, sea mecánica (traumatismo), tóxica (infección), térmica (quemadura), química (fármaco) o emocional (estrés), que altere las propiedades de una parte de este siste ma nervioso no solo afectará a su función local, sino que repercutirá también en su totalidad, y podrá afectar otras zonas del cuerpo en las que haya una predisposición o punto débil. Así pues, vemos que, aunque la memoria del ser humano es frágil, el sistema nervioso nunca olvida.

El origen

El uso de anestésicos locales con finalidades terapéuticas (no anestésicas) se inició a principios del siglo xix con autores como Spiess (otorrinolaringólogo alemán), Vischnevsky (cirujano soviético), Speransky (neurofisiólogo soviético) y Leriche (cirujano francés), en una época de gran estudio del sistema nervioso, junto con otros autores como Paulov, Bykov, Ramón y Cajal, etc.
En este contexto histórico, en 1925 los hermanos Ferdinand y Walter Huneke, médicos alemanes, comprobaron el efecto terapéutico de los anestésicos locales y desarrollaron un método de tratamiento local y segmental. Unos años más tarde descubrieron el efecto a distancia de los focos de irritación (campos interferentes) y cómo estos podían ser neutralizados con la aplicación directa en la zona de anestésicos locales, que hacía que desaparecieran de inmediato los efectos a distancia que estaba provocando.
Desde entonces, esta terapia se ha aplicado en gran variedad de patologías, agudas y crónicas, especialmente en casos de dolor.

Terapia de segmento

La terapia neural segmental actúa por vía refleja. Las fibras nerviosas motoras, sensitivas y vegetativas de un mismo segmento de la médula espinal forman un arco reflejo con todos los tejidos que inervan, de manera que la piel, los músculos, las fascias, los huesos, los vasos y los órganos de ese mismo segmento mantienen una interconexión nerviosa muy directa.
La actuación sobre las fibras nerviosas de la piel del tórax tiene un reflejo directo sobre los bronquios y el pulmón, y lo mismo sucede con la piel del abdomen y las vísceras abdominales, o la piel de cualquier articulación y el resto de tejidos de la misma, como los ligamentos, los tendones, los músculos y los huesos.

El campo interferente

Diez años antes de que los hermanos Huneke hiciesen público su descubrimiento del campo interferente (CI), Leriche ya había reportado haber visto desaparecer dolores distales después de anestesiar una cicatriz. Dosch, médico alemán y autor del libro de mayor divulgación de esta terapia (Manual de terapia neural), define el campo interferente como un tejido crónicamente alterado que produce por vía neural afecciones y enfermedades a distancia.
Payán, médico colombiano, catedrático de ginecología y decano de la Universidad del Cauca, define el campo interferente como una irritación que permanece en la memoria y que, en determinado momento, puede causar cambios patológicos en la persona.
Cualquier infección, inflamación, traumatismo, cicatriz, etc., padecida en cualquier parte del organismo, así como afecciones psíquicas estresantes, afección odontológica o traumatismos emocionales, pueden actuar como campo interferente, lanzador de estímulos irritativos que alteran la modulación y la frecuencia de las informaciones en el sistema nervioso vegetativo. Entonces llegan a producirse los más variados procesos patológicos (enfermedades) en cualquier otro lugar del organismo.
Estos campos interferentes pueden ser desconectados, neutralizados, mediante un impulso neuralterapéutico (aplicación selectiva del anestésico local diluido y en pequeñas cantidades).
El campo interferente puede ser una explicación del porqué, a veces, ciertas terapias muy bien indicadas y aplicadas no obtienen una respuesta satisfactoria. En estas ocasiones la terapia neural puede resultar de gran ayuda, de la misma manera que otras terapias pueden serlo cuando no se aprecia mejoría después de insistir con la terapia neural.
A menudo los campos interferentes son casi evidentes: dolores de cabeza (o migrañas) que aparecen después de una intervención quirúrgica o alrededor de los 18 años, cuando empiezan a salir las muelas del juicio; alergias y asma en personas que padecieron amigdalitis de repetición en la infancia; cansancio, ansiedad o depresión que surge después de una cesárea; lumbociatalgias en personas con cicatrices abdominales (por intervenciones de apéndice, hernia, útero, laparoscopia…); y un largo etcétera.

El mecanismo terapéutico

En condiciones normales, la respuesta de nuestro organismo ante un estímulo irritativo es la despolarización celular de la zona afecta, seguida del mecanismo regulador de repolarización que permite el regreso de dichas células a su potencial eléctrico de reposo.
En el caso de que el estímulo irritativo sea muy intenso, reiterativo y con un terreno predispuesto, se originará una despolarización mantenida que provocará la alteración de las células, con efectos en sus funciones, que emitirán focos de impulsos interferentes hacia el sistema nervioso vegetativo.
El estímulo neuralterapéutico consiste entonces en inyectar una pequeña cantidad del anestésico local, en bajas concentraciones (procaína al 0,5%) y sin mezclar con nada, en las fibras nerviosas irritadas, buscando una repolarización y estabilización de las membranas celulares para conseguir una recuperación de la función interferida en los circuitos del sistema nervioso vegetativo, de los tejidos y de lo que esté relacionado con todo ello.

Efectos adversos y contraindicaciones

Si la procaína que se utiliza está libre de conservantes, las reacciones adversas son excepcionales. Sí suelen aparecer reacciones leves (inflamaciones en los puntos de aplicación, leve mareo, relajación, fiebre, agotamiento, dolores musculares como agujetas, etc.), pero estos síntomas más bien corresponden a reacciones del organismo al tratamiento y suelen ser pasajeros y sin consecuencias.
Desde los inicios de esta terapia, los neuralterapeutas trabajamos también con niños y mujeres embarazadas. La experiencia acumulada por miles de médicos, odontólogos y veterinarios, con cientos de miles de pacientes de diferentes países, nos permite afirmar que esta es una terapia segura si se conoce bien la técnica.
La terapia neural está contraindicada en personas con alergia a los anestésicos locales (es muy rara), con trastornos de coagulación (solo las inyecciones profundas), con hipotensión grave o con miastenia grave en brote agudo, y en las personas que están tomando sulfamidas (un antibiótico de uso muy poco habitual hoy en día).

 

Autor: Doctor David Vinyes, Director del Instituto de Terapia Neural y Medicina Reguladora de Sabadell
Fuente.